jueves, 25 de agosto de 2016

El Pre-renacimiento español.Iñogo Lopez de Mendoza.

Se denomina Prerrenacimiento a una época coyuntural y estética que constituye la transición entre la Edad Media y el Renacimiento, particularmente en España.

Período histórico.

Dicha época abarca en el reino de Castilla los reinados de Juan II (1405-1454), gran protector de las letras y las artes, Enrique IV, etapa que supuso en cierta manera un parón, y los Reyes Católicos Isabel y Fernando. En el reino de Aragón, por otra parte, se vive una transición similar con Alfonso V de Aragón (1416-1458), aunque este impulso inicial fue sin embargo agotado por la mayor brillantez del Renacimiento castellano. Los autores más destacados fueron Bartolomé Torres Naharro, Gil Vicente y Fernando de Rojas

Características generales del período.

El Prerrenacimiento es una época coyuntural o de transición entre la Edad Media y los nuevos aires del Renacimiento; en este siglo la burguesía creció mucho económicamente y demandó más poder político, lo que creó gran inestabilidad; la monarquía, enfrentada siempre a la nobleza, procuró consolidar un estado cada vez más absolutista reforzando instituciones como la Inquisición o la Santa Hermandad y unificando las Órdenes militares. Los reyes recurrieron al patriciado urbano a los conversos para crear una nueva clase que les pudiese ayudar contra los nobles. En España y también en toda Europa hubo grandes epidemias de Peste Negra que, aproximadamente, mataron a un tercio de la población. Durante esta época convive un incipiente Humanismo con la Escolástica medieval, hay una primera ola de italianismo en las Artes y la Literatura, se emprenden numerosas traducciones y vulgarizaciones de textos grecolatinos y se abre paso una concepción antropocéntrica, más positiva e idealizada de la realidad, en consecuencia, la muerte pasó de ser un trance liberador, a ser un paso doloroso y traumático. La imprenta, por otra parte, multiplica los libros y con ellos la curiosidad y la sed de saber. Se empiezan a escribir textos importantes en Idioma castellano ennobleciendo la lengua romance, pero todavía tiene amplio curso el latín.

Literatura

En el campo de las letras representan esta primera apertura de la Edad Media a los nuevos días del Renacimiento:

Poesía

En poesía, a la que pertenecen la mayor parte de las obras literarias, se pueden clasificar tres grupos: épica, lírica y satírica. La épica se divide en popular y culta. En la épica popular destaca el Romancero, que mantiene las características apuntadas en la Edad Media. En la épica culta destaca Juan de Mena y el Marqués de Santillana.
  • En la lírica destacan dos corrientes:
    • La Escuela alegórico-dantesca, representada por:
      • El micer Francisco Imperial,
      • Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, que intenta introducir el petrarquismo del soneto (italianizante),
      • Diego de Burgos, su secretario y criado del anterior y poeta también,
      • Juan de Mena, que introduce con su Laberinto de Fortuna el gran poema alegórico a la manera de Dante Alighieri y compone su Omero romançado o Sumas de la Ilíada de Homero (h.1442-1444), prosificación en 36 capítulos de la Ilias -versión latina de la Ilíada-, por encargo de Juan II.
    • Dentro de la lírica cancioneril, destacan como prerrenacentistas:
      • Gómez Manrique
      • Jorge Manrique.
Marqués de Santillana
 
El Marqués de Santillana, nombre por el que es conocido Íñigo López de Mendoza, I marqués de Santillana, I conde del Real de Manzanares y señor de Hita y Buitrago (Carrión de los Condes, Palencia, 19 de agosto de 1398 - Guadalajara, 25 de marzo de 1458), fue un militar y poeta español del Prerrenacimiento, tío del también poeta Gómez Manrique y emparentado también con los poetas Jorge Manrique y, ya en el siglo XVI, Garcilaso de la Vega.

Personaje clave en la sociedad y la literatura castellana durante el reinado de Juan II de Castilla, provenía de una familia noble inclinada desde siempre a las letras: su abuelo, Pedro González de Mendoza, y su padre, el Almirante de Castilla Diego Hurtado de Mendoza, fueron también poetas y estuvo emparentado con grandes figuras literarias de su tiempo, como el Canciller Pedro López de Ayala, Fernán Pérez de Guzmán o Gómez Manrique.

También sus hijos continuaron esta labor literaria y de mecenazgo cultural, sobre todo el gran Cardenal Pedro González de Mendoza. Su madre fue la riquísima Señora de la Casa de la Vega, Leonor Lasso de la Vega, la cual estuvo casada en primeras nupcias con Juan Téllez de Castilla, II Señor de Aguilar de Campoo e hijo del Infante Tello de Castilla.

Su padre falleció teniendo él cinco años, lo que motivó que su madre, Leonor, tuviera que actuar con gran habilidad para conservar su herencia. Parte de su infancia la pasó en casa de Mencía de Cisneros, su abuela. Posteriormente, se formó con su tío, el arcediano Gutierre, que más tarde sería Arzobispo de Toledo.
Muy joven, Íñigo se casó en Salamanca en 1412 con Catalina Suárez de Figueroa, hija del fallecido Maestre de Santiago, Lorenzo I Suárez de Figueroa, con lo cual su patrimonio aumentó en mucho, transformándole en uno de los nobles más poderosos de su tiempo.

Marchó al poco a Aragón, junto al séquito de Fernando de Antequera, y allí fue copero del nuevo rey Alfonso V de Aragón, donde sin duda conoció la obra de poetas en provenzal y catalán que menciona en su Proemio. Literariamente se formó en la corte aragonesa, accediendo a los clásicos del humanismo (Virgilio, Dante Alighieri...) y de la poesía trovadoresca al lado de Enrique de Villena; en Barcelona trabó relación con Jordi de Sant Jordi,copero, y Ausiàs March halconero real. En Aragón hizo estrecha amistad también con los Infantes de Aragón, en cuyo partido militaría hasta 1429. Allí, por último nació en septiembre de 1417 su primogénito, Diego Hurtado de Mendoza y Suárez de Figueroa, futuro duque del Infantado.

Regresó a Castilla al tiempo de la jura del rey Juan II de Castilla y participó en las luchas de poder entre Enrique de Aragón y Álvaro de Luna, en el bando del primero. Estuvo junto a él en el golpe de Tordesillas y en el cerco del castillo de La Puebla de Montalbán, en diciembre de 1420.

Tras la prisión de don Enrique, regresó a sus posesiones de Hita y Guadalajara. En 1428 nació en Guadalajara su sexto hijo, el que sería Cardenal Mendoza.

Como político, procuró a partir de 1422 inmiscuirse lo menos posible en los asuntos de Estado y mantener a lo largo de su vida la fidelidad al rey Juan II. Ello le llevó a enemistarse primero con los infantes de Aragón en 1429, al no apoyar su invasión de Castilla en el verano de aquel año; y más tarde, a partir de 1431, se enemistaría con el privado real Álvaro de Luna; aunque no por ello volvería a militar en el bando de los aragonesistas.

En la primera batalla de Olmedo (1445) estuvo en las filas del ejército real, por lo cual el Rey le concedió el título de Marqués de Santillana y el condado suprascrito. Ya el año anterior, 1444, había recibido la confirmación real del privilegio a su favor de los derechos que la Corona tenía en las Asturias de Santillana.

Don Íñigo contribuyó claramente a la caída de don Álvaro de Luna (1453) y contra él escribió su Doctrinal de privados; a partir de entonces comienza a retirarse de la política activa. Su última gran aparición se produce en la campaña contra el reino nazarí de Granada de 1455, ya bajo el reinado de Enrique IV de Castilla. Ese mismo año muere su mujer, doña Catalina de Figueroa, y el Marqués se recluye en su palacio de Guadalajara para pasar en paz y estudio los últimos años de su vida. El 8 de mayo de 1455 hizo testamento, estando en Guadalajara.

Hombre de gran cultura, llegó a reunir una importante biblioteca, que después pasó a ser la famosa biblioteca de Osuna, y se rodeó de brillantes humanistas que le tenían al tanto de las novedades literarias italianas, como por ejemplo Juan de Mena o su secretario y criado, Diego de Burgos, quien compuso a su muerte un muy erudito poema, el Triunfo del Marqués.

Don Iñigo López de Mendoza es el progenitor y cabeza de la poderosa casa ducal del Infantado, Grandes de España.
Falleció en su palacio de Guadalajara el 25 de marzo de 1458.

Fue, además, uno de los primeros historiadores de la literatura española y le preocuparon cuestiones de poética, como demuestra el prólogo que puso a sus obras, el Proemio e carta al condestable don Pedro de Portugal. Toda su obra puede inscribirse dentro de la Escuela alegórico-dantesca; fue sin duda alguna el más ferviente admirador que tuvo Dante Alighieri en España, y también asimiló lo que pudo del humanismo de Petrarca y de Giovanni Boccaccio.

Es especialmente recordado por sus serranillas, poemitas de arte menor que tratan del encuentro entre un caballero y una campesina, a imitación de las pastorelas francesas, pero inspiradas en una tradición popular autóctona propia. Fue el primer autor que escribió sonetos en castellano, estrofa de origen italiano mal conocida aún en Castilla: los 42 sonetos fechos al itálico modo. Su obra maestra dentro del estilo alegórico-dantesco es la Comedieta de Ponza, donde describe la batalla naval homónima en coplas reales. Escribió además poemas alegóricos y doctrinales (dezires) y lírica cancioneril, y recopiló una de las primeras colecciones paremiológicas en castellano, los Refranes que dicen las viejas tras el fuego.
A partir del estudio que de su obra hizo Lapesa (1957), se puede distinguir:
  • Poesía
    • Lírica menor, de la que destacan las Serranillas y las Canciones y decires líricos.
    • Sonetos
    • Decires narrativos, entre los que destacan el Triunphete de Amor, El infierno de los enamorados y la Comedieta de Ponça.
    • Poesía moral, política y religiosa, de la que la obra más conocida posiblemente sea el Bías contra Fortuna.
  • Prosa
    • Escritos morales y políticos, como la Lamentaçión de Spaña.
    • Escritos literarios: el Proemio o Proemio e carta al condestable don Pedro de Portugal
    • Escritos exegéticos: Glosas a los Proverbios.
    • Recopilaciones: Refranes que dicen las viejas tras el fuego.














La Divina Comedia de Dante.

 
          LA DIVINA COMEDIA 

       La Divina comedia (italiano moderno Divina Commedia, toscano La Divina Comedìa) es un poema escrito por Dante Alighieri. Se desconoce la fecha exacta en que fue escrito aunque las opiniones más reconocidas aseguran que el Infierno pudo ser compuesto entre 1304 y 1307 o 1308, el Purgatorio de 1307 o 1308 a 1313 o 1314 y por último, el Paraíso de 1313 o 1314 a 1321, fecha del fallecimiento del poeta. Libro más famoso de su autor, es una de las obras fundamentales de la transición del pensamiento medieval (teocentrista) al renacentista (antropocentrista). Es considerada la obra maestra de la literatura italiana y una de las cumbres de la literatura universal. Se considera por tanto que la redacción de la primera parte habría sido alternada con la redacción del Convivium y De Vulgari Eloquentia, mientras que De Monarchia pertenecería a la época de la segunda o tercera etapa, a la última de las cuales hay que atribuir sin duda la de dos obras de menor empeño: la Cuestión de agua y la tierra y las dos églogas escritas en respuesta a sendos poemas de Giovanni de Regina.

El argumento
 
    La Divina Comedia relata el viaje de Dante por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, guiado por el poeta romano Virgilio. El poema comienza con el encuentro de Virgilio con Dante, que se ha perdido en una selva y tropieza con bestias salvajes. Virgilio le confiesa al poeta que ha venido en nombre de Beatriz, una dama virtuosa, y lo conduce por un largo viaje de redención que comienza en el Averno: aquí, van pasando por círculos infernales; en el primero, están "los infelices que nunca estuvieron vivos", los niños que no pudieron recibir el bautismo antes de morir y personas de grandeza espiritual como Virgilio, que intuyeron la revelación cristiana. En el segundo círculo ya el Infierno se muestra con toda propiedad: a la entrada de un pozo se halla Minos, una especie de juez. En los círculos superiores moran los que se dejaron guiar por la incontinencia; en los inferiores, los que respondieron a sus más bajos instintos. Luego se describen los perversos, que al final de sus vidas quedaron solos; los lujuriosos, vencidos por el puro placer sexual; los avaros; los enfermos de ira, condenados a golpearse eternamente hundidos en el fango...
 
     La sección del Infierno es la más conocida de todas precisamente por la altura que cobran sus escenas monstruosas, como si asistiéramos al mal de una manera directamente visual: por ejemplo, los estafadores nadan en una masa hirviente de pez. El Purgatorio radica en una montaña rodeada de precipicios, y allí las almas deben consagrarse al Bien para expiar sus culpas y ser finalmente salvadas por Dios. Dante tiene oportunidad de ver el ascenso del alma del poeta Estacio hacia el cielo después de haber sido purificado. En la sección del Paraíso Dante logra la máxima perfección espiritual: ve las procesiones simbólicas, los misterios de la fe como la Encarnación Divina, y en una nube de flores dispuesta por los ángeles logra ver a Beatriz (su redentora), que sube al carro de la Iglesia.
 
     El tema central de la Comedia es el viaje que realiza Dante, a lo largo del cual encontrará su propia identidad. Pero, ya desde antiguo, el viaje representa la condición humana, de tal forma que no sólo se trataría de la adquisición de unas experiencias sino que además hay que buscar un simbolismo a cada una de las etapas, a cada uno de los pasos por los que transita el caminante: el Infierno comienza en la noche, equivalente de la desesperación; la llegada al Purgatorio se produce al alba, símbolo de la esperanza, mientras que la entrada en el Paraíso es a mediodía, como clara muestra de la salvación por la abundante luz que hay.
 
      Partiendo de unas coordenadas cronológicas reales (el viaje se iniciaría el año jubilar de 1300, posiblemente la noche del Jueves Santo y duraría ocho días), la obra se organiza sobre dos ejes esenciales, perfectamente atestiguados en la tradición literaria anterior: los libros de viajes (frecuentemente al Más Allá) y la literatura de visiones, aunque Dante modifica ambos géneros y los adapta a su peculiar planteamiento. En todo caso, Dante lleva a cabo una profunda y rica reelaboración de los textos que le han servido de base.
 
La estructura.
 
    La Comedia está dividida en tres partes (Infierno, Purgatorio y Paraíso), cada una de las cuales consta de 33 cantos, que con el canto que sirve de introducción suman un total de cien cantos. A su vez, el Infierno se divide en 9 círculos, el Purgatorio en 9 partes y el Paraíso en 9 cielos. Los condenados se agrupan en tres series (incontinentes, violentos y fraudulentos). Los que purgan sus pecados también forman tres grupos (los que siguieron un amor que les llevó al mal, los que amaron poco el bien y los que manifestaron un amor desmesurado a los bienes terrenales) y en el Paraíso se encuentran los seglares, los activos y los contemplativos, según el grado y tipo de amor que hayan mostrado a Dios.
 
     El número cien es simbólico y constituye una cantidad habitual en los textos medievales de carácter didáctico; del mismo modo, el número tres, base de la concepción estructural de la Comedia, también tiene un alto valor simbólico en la numerología medieval, como muestra de la perfección y de la unidad en la diversidad: en definitiva, sería la interpretación numérica del misterio de la Trinidad.
 
      El Infierno se estructura según las culpas de quienes se encuentran allí; siguiendo los mismos principios organizadores, en el Purgatorio nos encontramos con una montaña con siete cornisas, en las que se agrupan los condenados según sus inclinaciones pecaminosas. Al llegar al Paraíso terrenal, Virgilio, que había guiado los pasos de Dante por el Más Allá, es sustituido por Estacio. El Paraíso aloja eternamente a los escogidos que se han salvado y que se agrupan, según sus virtudes, en las nueve esferas del sistema celestial descrito por Ptolomeo (siete de los planetas, el de las estrellas fijas y el del Primer Motor). El Empíreo se encuentra fuera del sistema celestial y, por tanto, resulta ajeno al paso del tiempo a la vez que encierra en sí mismo a todos los cielos.
 
     Según ya se ha visto, la estructura general de la Comedia se basa sobre el número tres, al que se le da una sentido especial, además de conservar todas las connotaciones simbólicas sacras y profanas. Pero la importancia de este número llega más lejos: la estrofa utilizada es el terceto endecasílabo, es decir, una estrofa de tres versos de once sílabas: cada estrofa consta de 33 sílabas. Por otra parte, unas estrofas se unen a otras con un juego de rimas en el que también se puede hablar de un indudable protagonismo del número tres: el segundo verso de una estrofa rima con el primero y el tercero de la siguiente, dando lugar al sistema métrico denominado terceto encadenado. De este modo se mantiene una línea melódica y rítmica a lo largo de todo el canto. Frecuentemente, el sentido se organiza apoyado en tres tercetos, lo que da a estos grupos un indudable aire de silogismo (en cierto modo, ocurre lo mismo con la estructura del soneto).
 
Significación de la Divina Comedia.
 
       Son tres los ejes fundamentales de la Comedia desde el punto de vista filosófico: el cosmos, la razón y la fe, la predestinación y el libre albedrío. El primero se resuelve con la creación de un universo propio en el que el infierno y el paraíso se oponen simétricamente, y entre los que se sitúa el purgatorio. Sobre el eje de la razón y la fe se estructuran las ideas sobre filosofía y teología: la primera tropieza continuamente con unos límites estrechos, que son los del conocimiento humano. La teología, por el contrario, abre en todo momento unos horizontes inabarcables e ignotos; el paso de la una a la otra es el que convierte al poeta en poeta-teólogo, como se manifiesta explícitamente en Paraíso, XXV.
 
    El tercer eje es el formado por las cuestiones relativas a la predestinación y libre albedrío, que constituyen una de las preocupaciones más frecuentes para los pensadores medievales, incluidos teólogos y filósofos naturales: todos los seres, animados e inanimados, están señalados por el influjo de los astros, que les transmiten determinadas cualidades o virtudes, o que (según algunos) les marcan el futuro. Al plantearse estas cuestiones, Dante no es una excepción en el panorama medieval; y la distancia que separa esas creencias de unos planteamientos deterministas es mínima. En efecto, si los astros marcan el destino individual, la persona no es completamente libre en sus actuaciones y, por tanto, no debe ser castigada o premiada. Dante acepta el influjo de los astros en el hombre, pero a la vez considera que el alma intelectiva (que sólo depende de Dios) es ajena a ese influjo y, por tanto, es acreedora de la salvación o de la condena, pues decide libremente (Purgatorio, XVI).
 
     Como viajero por una tierra desconocida, Dante es acompañado por sucesivos guías que son también sus maestros en el viaje poético (Virgilio y Estacio) y en el de la fe (Matelda, Beatriz y San Bernardo). Sólo ellos pueden llevar al hombre, al pecador, hacia la alta meta que sigue: el proceso de purificación espiritual exige una ayuda externa y es ése el papel que desempeñan estos acompañantes. Los cambios de guía indican las etapas más importantes del camino recorrido: por eso, se producen a la entrada en el Paraíso terrenal y al final del camino por el Paraíso, cuando ya sólo queda pasar al Empíreo para la contemplación divina. En la primera, se hace libre el albedrío del caminante y en la segunda su alma abandona la esclavitud. Es obvio el doble nivel de significados que hay, en el que también participa la figura del propio Dante como viajero y poeta. Así, los cinco guías (Virgilio, Estacio, Matelda, Beatriz y San Bernardo) representan otros tantos grados en el proceso de formación y perfeccionamiento de Dante, que le llevará hasta la contemplación divina.
 

La Poesia y la Literatura Italiana

 
 
La literatura italiana está conformada por todos los autores en lengua italiana, incluso por aquellos que hayan escrito antes de que Italia existiera como un Estado unificado. Es importante destacar que este idioma nace oficialmente en el siglo XIX a partir del dialecto toscano.
 
     Uno de los primeros movimientos literarios italianos fue conocido como Escuela Siciliana, cuyos orígenes se remontan a 1230. Allí se destacó el poeta Giacomo da Lentini (12101260), mencionado por Dante Alighieri (12651321) como uno de los más importantes representantes de la poesía siciliana. Da Lentini es el padre del soneto, una composición poética que fue desarrollada luego por el propio Dante y por Petrarca (13041374).

   Justamente, Alighieri ha sido el autor de la principal obra de la literatura italiana: “La divina comedia”, un poema teológico que ha inspirado pinturas de Sandro Botticelli y Salvador Dalí, por ejemplo. En cuanto a Petrarca, suele nombrárselo como influencia de grandes poetas, tales Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Luis de Góngora y William Shakespeare.

    Otro autor clave de la primera literatura italiana fue Giovanni Boccaccio (13131375), quien también escribió varias obras en latín. Su principal libro es el “Decamerón”, formado por unos cien cuentos y hasta novelas cortas.
En el siglo XV, aparece la figura de Lorenzo de Médici (14491492), un poeta renacentista que quedó en la historia como el mecenas de Botticelli, Leonardo da Vinci y Miguel Ángel Buonarroti, entre otros. De todas formas, la literatura italiana del renacimiento tuvo a Nicolás Maquiavelo (14691527) como máximo exponente, con obras de filosofía política como “El príncipe”.

    Tras un tiempo de decadencia, se habla del renacer literario italiano en el siglo XVIII, con la presencia del poeta Giuseppe Parini (17291799) y otros autores. La centuria siguiente contó con personalidades literarias como Alessandro Manzoni (17851873), Giacomo Leopardi (17981837), Giosuè Carducci (18351907, Premio Nobel en 1906), Giovanni Verga (18401922), Giovanni Pascoli (18551912) y Gabriele D”Annunzio (18631938).
Ya en el siglo XX, es imposible omitir los nombres de Grazia Deledda (18711936, Premio Nobel en 1926), Luigi Pirandello (18671936, Premio Nobel en 1934), Salvatore Quasimodo (19011968, Premio Nobel en 1959), Eugenio Montale (18961981, Premio Nobel en 1975), Italo Calvino (19231985) y Darío Fo (1926, Premio Nobel en 1997).

La poesía  italiana.

      Con Dante y Petrarca, la poesía italiana había alcanzado ya en el siglo XIV una madurez que la convertía en modelo para las demás literaturas. Desde Francia o España se imitan las estrofas, los géneros y el estilo de la nueva literatura italiana.
En el ámbito de la poesía lírica destacan tres autores, a los que debemos considerar precursores del estilo renacentista europeo: Lorenzo de Médici, Angelo Poliziano y Pietro Bembo.
  • Lorenzo de Médici (1449-1492), llamado el Magnífico, gobernó Florencia en la época de mayor esplendor de esta ciudad italiana. Fue además mecenas y protector de artistas. En su poesía se distinguen dos estilos: uno popular, en el que celebra la juventud y la alegría de vivir con un lenguaje llano y festivo, y otro culto, en el que escribe bajo la influencia de los poetas latinos e imita el lenguaje amoroso de Petrarca.
  • Angelo Ambrogini, llamado el Poliziano (1454-1494), fue uno de los poetas protegidos por Lorenzo el Magnífico. Reproduce la mitología del mundo clásico en las Estancias de la justa, poema en el que celebra la victoria de un hermano de Lorenzo en unas justas caballerescas y su amor por una joven llamada Simonetta. También recreó el mito de Orfeo mediante un diálogo poético en el que creó un nuevo género de teatro lírico lleno de imaginación y alusiones mitológicas.
  • Pietro Bembo (1470-1547) se erigió además en la mayor autoridad literaria de su época. Defendió el cultivo del dialecto florentino en la literatura, y expuso en prosa la concepción platónica del amor. Su aportación poética son las Rimas, una colección de poemas inspirados en el Cancionero de Petrarca.
    Pero la poesía italiana no se limitó a estos tres autores. Entre muchos otros poetas, destacaron tres mujeres: Vitoria Colonna (1490-1547), cuyo Cancionero está dedicado al recuerdo de su esposo, muerto en la batalla de Pavía; Verónica Gàmbara (1485-1550), que elaboró una obra poética basada en el sentimiento religioso, el amor y la naturaleza; y Gaspara Stampa (1525-1554), autora de una intensa poesía amorosa.
También debemos mencionar los sonetos del famoso escultor Miguel Ángel (1475-1564), hombre renacentista en el pleno sentido de la palabra, interesado por el arte en sus distintas manifestaciones.

    También se cultiva en Italia una poesía épica, con una brillante narrativa inspirada en los cantares de gesta franceses. Ludovico Ariosto (1474-1533) compuso el Orlando furioso, novela caballeresca en verso en la que inserta variadas aventuras fantásticas motivadas por la locura amorosa del héroe.
La épica tuvo una continuación en la Jerusalén libertada, de Torcuato Tasso (1544-1595), una extensa obra dividida en veinte cantos, en la que se evoca el asedio de Jerusalén durante la primera cruzada.
   Otros géneros, como la poesía pastoril y bucólica, renacen también en Italia. Jacopo Sannazaro (1456-1530) inaugura con su Arcadia un modelo de narración amorosa en prosa y verso, protagonizada por pastores y ambientada en un paisaje idílico, que tendrá continuación más tarde en otras literaturas, como la española.
El estilo renacentista tendrá una continuidad en el siglo XVII, aunque ya con un lenguaje más rebuscado y artificioso, en las fábulas mitológicas de Giovan Battista Marino (1569-1625) .

Dante,Petrarca,Boaccio.


Presencia de los Tres Grandes Escritores Italianos del Trescientos en la Literatura Renacentista Española.

Dante
Dante es un autor que era muy leído por los literatos españoles. Pongamos por ejemplo al Marqués de Santillana que en su El Infierno de los Enamorados refleja notoriamente su lectura de El Infierno de Dante, concretamente se percibe la influencia del Canto V. Por poner otro ejemplo, citemos a Juan de Mena, cuyo tema central de su más famosa obra - La Rueda de la Fortuna - coincide con uno de los temas dantescos más característicos.

 También podemos citar a Alfonso Álvarez de Villasandino como autor que se aferra a la tradición de la imitación de Dante, quien, a su vez imitó a Virgilio. Juan de Mena también puede establecerse en esta línea alegórica dantesca.

El tema del corazón de la amada y del poeta es un protagonista común a Dante y a Garcilaso, e incluso a Petrarca.

    Para Dante autor, en La Divina Comedia, vivir es tomar partido, es decir, que físicamente vivieron lo que no vivió de ellos fue su alma. Al señalar que estas almas están desnudas significa que están expuestas a todo el sufrimiento. En su vida terrenal el tomar decisiones hubiese significado sufrir, pero sufrir por un motivo o circunstancia. Los tábanos y avispas que pican las almas son símbolo de todos aquellos incentivos que se les presentaron en la vida y ellos los dejaron pasar. De sus heridas se desprende sangre que se mezcla con lágrimas y caen al suelo que es devorada por gusanos al caer. Es decir que ahora su sufrimiento ni siquiera sirve para alimentar la tierra. Aquel que se juega por sus ideales participa en la vida, de tal modo que ésta tiene un significado.

Petrarca
El tema del amor no correspondido se ve también en grandes escritores españoles de la talla de Garcilaso de la Vega. De hecho hay muchos puntos de conexión entre la Laura petrarquista e Isabel Freire, de Garcilaso. El amor platónico que siente Garcilaso por Isabel Freire viene a se la misma concepción amorosa del amor que siente Petrarca por Laura. El poeta se entrega totalmente al amor, llegando a perder la conciencia de su propia identidad, deseando incluso el rechazo de la dama para poder recuperarla. El enmarcamiento del amor en una determinada naturaleza que es protagonista es otro tema importante, primero en Petrarca y luego en Garcilaso. La idea de soledad expresada a través del río es otro tema común. El llanto, el corazón, los ojos y los cabellos son los elementos más importantes de la amada que destacan tanto Petrarca como Garcilaso. Todas las consideraciones que Garcilaso tomó de la literatura italiana (soneto, canción, lira...) continuaron después posteriormente en otros autores como por ejemplo San Juan de la Cruz. Garcilaso ensaya de forma más brillante que Boscán los metros petrarquistas, con un sello personal inimitable, que recrea los paisajes bucólicos y pastoriles.

Diego Hurtado de Mendoza, por ejemplo, también se atiene a esta tradición del amor platónico tan petrarquista. Son dignos de mención también autores como por ejemplo Quevedo, Cervantes y algunos pertenecientes al grupo del 27 como Rafael Alberti quien también hace una alusión directa a esta tradición en sus obras.

Pero, pese a la gran cantidad de seguidores que tiene, Petrarca no triunfa en España hasta el siglo XVI. Aunque ya en el siglo XV se ve, por ejemplo en el Marqués de Santillana la adaptation del endecasílabo al español.
 
Bocaccio.
    Bocaccio es el autor más imitado y adaptado por los autores del Siglo de Oro, y no sólo por su Decamerón. En la Literatura española nos encontramos con numerosas obras que hacen referencia al Decamerón. En El Lazarillo de Tormes, por ejemplo, hallamos muchas similitudes con la obra de Bocaccio anteriormente citada. En Lope de Vega también se vislumbra esa influencia de Bocaccio. En las Novelas Ejemplares de Cervantes es fácil observar que éste fue un fervoroso lector de Bocaccio adoptando incluso la misma estructura del Decamerón.

 Vemos una imitación de Bocaccio en Góngora, en Corbacho, en el Arcipreste de Talavera, en Tirso de Molina, en El Lazarillo de Tormes...

 Los temas más imitados son:
  • La resignación de la mujer
  • Las virtudes de la protagonista femenina: humildad, obediencia, amor filial...
  • Los rasgos físicos de la figura de la protagonista femenina.
  • La belleza como una cualidad característica, tema puesto de relieve sobre todo en el Decamerón, y, posteriormente en Lope de Vega.
  • Visión de la mujer como perfecta esposa, perfecta hija y perfecta señora.
Tanto la imitación del marco espacio-temporal como la imitación de las características de la protagonista son rasgos comunes a las dos literaturas, pero nunca se puede hablar de plagio.

Influencia de la Literatura Italiana en la Literatura Española.


Relaciones entre España e Italia en este Milenio.
Las relaciones entre España e Italia durante los siglos XI, XII y XIII fueron bastante escasas.
    
La visión que Italia tenía de España en aquella época era una visión un tanto desalentadora ya que veía a España como un lugar para la batalla sostenida entre moros y cristianos. Pero en ese lugar legendario y no muy lejano llamado España combatían muchas tropas italianas que eran enviadas con la función de ayudar y proteger a los Reyes Católicos. Estas hazañas fueron recogidas por grandes autores en los cantares épico-caballerescos de la literatura italiana.

     El camino de Santiago supone un lazo de unión muy importante ya que muchos peregrinos italianos se encaminaban hacia la ciudad de Santiago de Compostela. Posteriormente, estos peregrinajes fueron una fuente segura de inspiración para muchos autores italianos. El mismísimo Dante, en el canto XXV de su obra La Divina Comedia hace una alusión más o menos directa a estas peregrinaciones.

   Por otra parte, otro aspecto muy fecundo para las relaciones italo-españolas era el continuo “peregrinaje” de estudiantes españoles a universidades italianas.

      También, durante el reinado de Alfonso X, el Sabio hubo una buena relación con Italia en el terreno politico ya que este rey aspiró incluso al trono italiano. Los contactos entre ambos países se duplicaron aún más en el siglo XIV debido a la frecuente actividad comercial mediterránea que existía entre los mercados de Venecia, Florencia y la región valenciana.

     Por otra parte, muchos literatos españoles se han formado en las Academias y Universidades Italianas, o han residido en Italia durante un periodo mayor o menor de tiempo influyendo, de este modo en sus vidas y reflejando notablemente esto en sus obras. Son autores de la talla de Garcilaso de la Vega o Rafael Alberti.

Diferencias entre la Literatura Italiana y la Literatura Española.

 A pesar de los múltiples contactos entre ambos países, sus literaturas presentan diferencias muy notorias:

    El origen de la Literatura Española es más lejano que el de la literatura Italiana, que sufrió un retraso con respecto a otras literaturas europeas. A este retaso de la literatura italiana se le puede añadir el problema de la lengua ya que era una duda importante el decidir entre escribir en latín o en la lengua vulgar.

     En lo que respecta a Italia, la lengua hablada y la lengua literaria se encuentran muy lejanas la una de la otra, caso que no coincide con la literatura española.

     En la literatura Italiana medieval nos encontramos con temas históricos entremezclados con otros heroicos, épicos y amorosos. En cambio, en la literatura española el tema histórico se trata desde un punto de vista muy objetivo y realista.

     En la literatura italiana encontramos autores que escriben grandes y valiosas obras en prosa que, en realidad, aunque de gran valor literario, son tratados científicos, políticos e incluso filosóficos.

  Formalmente, en el verso italiano hallamos el gran y acusado uso del endecasílabo, mientras que en España sucede lo mismo con el verso octosílabo, que, por otra parte es mucho más apropiado para el romancero. Pero por clara influencia italiana, a partir del siglo XVI, se introduce en España el endecasílabo. El artífice de esta introducción literaria resultaría ser el gran Garcilaso de la Vega.

 Estudio de las Relaciones Literarias.

 La literatura Italiana tiende a lo fantástico, a la fábula, a la aventura... Hay una tradición que une el tema histórico con el tema aventurero y el tema del amor: esto es un rasgo característico de la literatura épico-caballeresca italiana. También nos encontramos en Italia con una literatura científica, política y filosófica en Italia.

 Es importante hablar de la llamada Autorreflexión Crítica, que era la consciencia que los escritores tienen sobre su propia obra literaria. Dante en Italia fue el pionero en esta actitud teórica con su Vita Nuova. En España nos encontramos con esta autorreflexión crítica en el escrutinio literario que hacen el cura y el barbero en El Quijote de Cervantes.

 La tradición literaria de ambos países debe ser interpretada como un instrumento que enlaza y acerca la cultura de los dos países de marras.

 

 

Influencia de la literaura Italiana en la Literatura Española.


    
 
       En un principio las relaciones culturales entre las dos penínsulas revestian un carácter muy superficial. Durante los siglos XII y XIII era raro que un italiano fuese a España a instruirse en Toledo en las artes mágicas o frecuentar las Escuelas de Córdoba o de Murcia, sin embargo, algo más numerosos eran por aquel entonces los españoles que visitaron Italia para estudiar a la Universidad de Bolonia Fuera de las repúblicas marítimas y comerciales, no había llegado a Italia, sino alguna noticia de la Península Ibérica y de su lucha contra los moros.

   Esto no quita para que los Estados Italianos ayudasen de vez en cuando a los cristianos españoles en la guerra contra los infieles, pues consta que unos voluntarios italianos se alistaron para la conquista de Toledo en 1085 y de otras ciudades si es que los italianos se ponen en camino para España. Es casi exclusivamente para empuñar el bordón y visitar el sepulcro de Santiago en Galicia, que atraía a peregrinos de todos los países.

     Todo esto demuestra que el «camino francés» no era desconocido de los italianos y ello nos ayuda a explicar, por ejemplo, cómo puede ocurrir que ya en los versos del Arcipreste de Hita figure el nombre de un instrumento musical italiano, la baldosa. Desde comienzos del s. XIV, circulaba en Italia el poema f’Enttree del\pagne y sus varias adaptaciones, tanto rimadas como en prosa, lo que prueba que las hazañas de Carlo Magno en España habían despertado mucho interés en la península Itália .

        A fines dcl s. XIV. se advierte una marcada intensificación de las relaciones entre ambos países. Los italianos empiezan a marcharse a España, no sólo para sus empresas comerciales, sino también para obras de carácter religioso. Por los años de 1350 aparecieron en España unos ermitaños italianos, discípulos del siervo de Dios fray Tomás Sucho de Siena, para restaurar la orden de San Jerónimo, hecho de una importancia transcendental para la vida religiosa. Los españoles van a Italia a consultar a los humanistas italianos buscando antiguos códices para copiarlos y llevarlos a España. A medida que adelanta el s. XVI y sobre todo después de concluida, en 1559 la Paz de Chateau, que confería a España la hegemonía sobre casi toda la Península Italiana —ya que Felipe II se había hecho dueño de Milan y Lombardía, Nápoles y las dos Sicilias—. el número de españoles que visitaba Italia crece hasta el punto de merecer un estudio especial.

    Entre los muchos autores españoles de quienes consta que han pisado tierra italiana. basta mencionar alguno de los más conocidos: Francisco de Figueroa. Mateo Alemán, Vicente Espinel, el autor de Esteban iI/o González y el mismo Cervantes, éste, después de llevar algún tiempo en Roma, terminaba la batalla de Lepanto y aludiendo a Nápoles escribió que «pisaba sus rúas más de un año". El número de italianos que buscaban hospitalidad en la Península Ibérica era inferior, con mucho, al de los españoles que se establecieron en Italia. Es verdad que en un documento de 1405 se menciona ya en Sevilla la calle de Génova y que Bernáldez se refiere al «Castillo de Genoveses» en Málaga. pero de las numerosas fundaciones españolas en Italia. puede referirse que la emigración de la Península Ibérica hacia Italia fue mucho mas acentuada que en dirección contraria. Dejando de lado por de pronto a los marineros, comerciantes y artistas, sólo cabe indicar un reducido número de humanistas italianos que se establecieron en España: Bardiza desde 1433, Marineo Sículo hacia 1486, Pedro Mártir de Ingiera y algunos mas entre los que han contribuido en alto grado al intercambio cultural Italo-español, ocupan un puesto destacado los libreros.

    En Italia, Venecia. era uno de los principales centros del comercio de los libros españoles, los libreros italianos se establecieron en distintas ciudades de España, concentrándose la venta de libros italianos en Sevilla, donde vivía el célebre Andrea Pescioní. Pero también, otras ciudades tenían una librería italiana: Toledo, Medina del Campo. Zaragoza, Madrid y Salamanca mal En expresión de Terlingen, p. 50, transcribimos literalmente las traducciones que él pudo encontrar en principio, con expresión de: autor número de ejemplares y título de la obra, aunque más adelante se introduzcan otros (latos mas concretos y más obras de otros autores, además de los tres más representativos del Prerrenacimiento: Dante, Petrarca y Bocacio.

        Entre las obras italianas que durante este primer período hallaron acogida en España. figuran también algunas de carácter religioso. En 1495. se tradujo del toscano El Espejo de la Cruz, del cual Alfonso de Palencia escribe: «El que primero trajo desde Italia a Castilla este tratado impreso en toscano para que se convirtiese en romance castellano... fue el referendum y muy dévoto religioso fray Johan Melgarejo prior del Monasterio de San Isidro cerca de Sevilla. al cual con se lo deja común doctrina lo quiso imprimir después que fue romanizado» 2 Un papel importante entre los que solían mantener el contacto lo desempeñaron los embajadores de las repúblicas de Venecia y Florencia: Guichiardini. Andrea Navagero. Simón y Tomás Cantarini. Morosini que han dejado todos relaciones de sus viajes a cual más valiosas. Tampoco ha faltado algún poeta italiano que haya tenido, por lo menos, la intención de ir a España. como consta en un soneto de Lope de Vega «A la muerte de Girolamno Preti, excelente poeta, viniendo de Italia a España»

 

LAS RELACIONES LITERARIAS Y LAS TRADUCCIONES

     Precisamente el cuerpo más importante de este trabajo. trata de las traducciones literarias del italiano al español durante el Siglo dc Oro para de ello deducir la importancia que tuvo la literatura italiana en España, puesto que uno de los medios más interesantes de relacionarse ambos países y por los que se adivina la gran tradición del contacto entre las dos culturas, es justamente el interés de España por traducir las obras de los literatos italianos y no sólo literatos sino científicos, historiadores, religiosos, que han contribuido a conseguir para España una cantidad ingente de obras culturales que han engrosado nuestro bagaje cultural y científico, al mismo tiempo que se ha despertado una avidez por la corriente traductora, corriente que no se ha extinguido como se demuestra en el fichero que se aporta en este estudio, donde se ve que las traducciones llegan a nuestros días, sin olvidar la importancia que ello tuvo en el s. XIX. especialmente en el autor de la novela española Valera que tradujo a Carducci y de cuya obra traductora daremos cuenta más adelante. Las obras literarias de España tardaban bastante en ser conocidas en Italia.

         Característico de este fenómeno es que incluso el Dante, no sabía exactamente qué lengua hablaban los habitantes de España, a quienes Boccaccio calificaba de «semi-barbarie». Por otra parte los españoles ignoraron por mucho tiempo las obras de los clásicos italianos. Cabe decir que antes del s. XIV apenas se advierte alguna huella de la literatura italiana en España 4 Y Juan de Valdés, en el Diálogo de la Lengua se rellene a las Epístolas de Santa Catalina de Sena, que según parece. ya circulaban traducidas al castellano por aquel entonces ‘~. No es de extrañar que las relaciones dc viajes, que siempre se leen con avidez por tratar de las maravillas de tierras y pueblos lejanos, fuesen igualmente traducidas del italiano. La más conocida de ellas. El Milione, de Marco Polo, la tradujo. ya a comienzos del s. XVI, el maestro Rodrigo Fernández de Santaella, bajo el título: El libro famoso de Marco Paulo veneciano de las cosas maravillosas que vivió en las partes orientales...» La amistad que trabó Juan Boscán en 1526 con el embajador veneciano Andrea Navagero. durante la estancia de éste en Granada, ocasiono una revolución literaria que constituye el comienzo del segundo período de la honda influencia italiana sobre el español. Conciliador de este movimiento literario time Garcilaso de la Vega, quien trajo a Barcelona un ejemplar italiano de El Cortesano de Baltasar Castellón, impreso en Venecia en 1528. en cuya traducción se ocupaba Boscán hasta 1533, saliendo a luz al año siguiente. la primera edición castellana 7 Desde esta fecha las redactores literarias entre Italia y España iban estrechándose cada vez más. En el mismo año de la publicación dc la traducción de El Cortesano, se imprimió en Valencia la versión castellana del Morgante del Luis Pulci por Jerónimo de Aunen .La primera traducción del Orlando Furioso, hecha por Jerónimo de Urrea. fue publicada en 1549, y desde este momento hasta la versión de Orellana, que salió a la luz pública en 1583-1585, se cuentan doce traducciones. en verso y en prosa, fuera de las versiones parciales. Imitaciones del Ariosto las encontramos en todo el s. XVI. por ejemplo por Francisco de la Torre y Francisco de Figueroa.

    El Ariosto inspiró la producción de la primera parte de La Angélica de Luis Barahona de Soto (1586) y en el teatro de Lope ha dejado huellas, nada superficiales y du influencia se extendió más allá, por ejemplo, de la literatura de Bernardo de Balbuena  En el prototipo del Furioso, El Orlando Enamorado de Mateo Boyardo, se han ocupado tan sólo dos traductores: Francisco Garrido de Villena, cuya versión se imprimió en 1577 y Hernando de Acuña. quien trasladó los cuatro cantos primeros, insertados en sus Varias poesías póstumas. de 1591 21 A mediados del s. XVI, reaparece el fenómeno aislado la traducción española de una novela italiana, La Zuca del Voni —en español— publicada en Venecia. en 1551. cuyo traductor es desconocido 22 No antes del año 1586. salió a la luz, la traducción de otra novela: Las horas’ de recreación, de Ludovico Guicciardini,por Miles Godínez.

    A los dos años se imprimió otra versión de esta novela, o más bien colección de anécdotas y ficciones, por Jerónimo de Mondragón. bajo el titulo de Ratos de recreación 23 Es muy extraño, en efecto, que no haya salido ninguna traducción directa de las obras de Mateo Bandello, aunque es posible que no las hayamos encontrado, puesto que este novelista italiano ha inspirado a muchos dramaturgos españoles, entre ellos a Lope de Vega. Este, por ejemplo, lo ha aprovechado, probablemente, para el Castigo sin venganza, cuya fuente es una novela del obispo de Agen, una traducción española hecha a base de la versión francesa de Francisco de Belleforest 24 Otra fuente en la que bebieron tanto Lope como Shakespeare, son los ECATOMMITI de Giambatista Giraldí Cinthio,que desde 1590 circulaban traducidos al castellano 25 Pocos años antes. Francisco Truchado había traducido al español los cuentos de las PIACEVOLI NOTFE de Gianfranceseo Straparola que fueron impresos en Granada en 1583. A juzgar por las reimpresiones —1598 y 1612— estos cuentos tuvieron bastante éxito 26 No menos importantes que todas estas novelas italianas revestían para la literatura española las traducciones de La Arcadia de Jacobo Sanazaro. Aunque es opinión unánime entre los historiadores de la literatura que la novela pastoril llegó a España por intermedio del portugués españolizado Jorge de Montemayor 22, a cuyos Siete libras de la Diana que salieron a la luz en 1559 sirvió de modelo la novela pastoril portuguesa Menina  de su compatriota Bernardin Ribeiro, primer discípulo de Sanazaro. la traducción directa del italiano de mano de don Diego López de Ayala, ya circulaba en España desde 1547, y hacia esta fecha también debe de haber sido ultimada la traducción hecha por Juan Sedeño, que todavía se conserva manuscrita 28 Jerónimo de Urrea, a quien tanto deben las letras ítalo-españolas, por sus versiones, tradujo también Li Arcadia. Pero parece que el manuscrito de esta obra ha quedado inédito 29 El haberse ocupado tres traductores en La Arcadia, sucediéndose las ediciones posteriores de l54, 1569 y 1578 unas a otras con bastante regularidad—obsérvese que casi todas son anteriores a las imitaciones de Alonso Pérez Gaspar Gil Polo, Antonio de lo Frasco y los demás «arcadistas»— demuestra hasta qué punto se concentraba el interés en la novela original de Sanazaro. Las ideas del Cortesano de Castellón, las cuales se introdujeron en España por la traducción de Boscán, ejercían una fuerza atractiva irresistible. Esto queda demostrado por la versión de Luis Milán y las traducciones de los tratados italianos de cortesanía, que son muchos, así como por el Galateo español de Lucas Gracián Dantesco, adaptación del Galateo de Giovanni de la Casa.

   Por lo demás, existe también una traducción directa del toscano por Domingo de Bezerra, Venecia 1585 3t  En 1551 se imprimió en Salamanca una traducción de los Asolanos de Pedro Bembo 32, a quien leían todos los grandes ingenios de España: parece que también Fray Luis de León ha traducido algunos escritos del cardenal . De las disquisiciones filosóficas sobre el amor del judío español, León Hebreo, publicadas en Roma en 1535, bajo el título de Diálogo del Amour, contamos nada menos que con tres versiones castellanas: la primera en orden cronológico, impresa en Venecia en 1568 de un judío antónimo; la segunda es de Carlos Montesa (Zaragoza. 1582): siendo la tercera. de un estilo superior a las otras dos, del Inca Garcilaso de la Vega. la cual fue publicada en Madrid en 1590 ~ De los poemas religiosos que en gran número se publicaron en Italia durante la segunda mitad del s. XVI, Luis Gálvez de Montalvo tradujo El llanto de San Pedro, de Luis Tansilo. La traducción de Las Piscatorias del mismo poeta figuran en el comienzo del libro 1 de las obras de Jerónimo de Lomas Cantoral (Madrid). año 1578. No carece de valor literario, según Gallardo ~. El culto a Torcuato Taso, adquirió en España una extensión extraordinaria . El poema Jerusalén libertada ya circulaba en español antes de que Cristóbal de Mesa, amigo del Taso, en la obra La Restauración de España y por afirmación expresa en la epístola que dirigió a Luis Barahona de Soto 37 se confesase partidario del Taso en cuanto a las idea literarias. La primera traducción por Bartolomé Carrasco de Figueroa,cuyo manuscrito pasa inédito en la Biblioteca Nacional de Madrid, es anterior en dos años, a la de Juan Sedeño, la cual fue publicada en 1587 .

      Sólo a mediados del s. XVII, Antonio Sarmiento de Mendoza emprendió otra traducción del poema. cuyos imitadores se cuentan en España por docenas y entre los cuales Lope de Vega descuella con un poema histórico homónimo. El drama pastoril Aminta, ya circulaba traducido al castellano desde 1607 siendo su traductor Juan de Jáuregui »>. Hacia la misma época se tradujo al castellano la obra del imitador más célebre del Taso, la tragicomedia pastoral del Pastor Fido, de Juan Bautista Guarino. Esta versión, llevada a cabo por Cristóbal Suárez de Figueroa. salió a la luz en Valencia en el año 1609 “.

       Un cuarto de siglo después. en 1634. se publicó del Pastor Fido en Amberes otra versión, a nombre de doña Isabel de Correa 4t También a los literatos italianos de menos fama les cupo el honor de ver traducidas sus obras al castellano. De entre los libros de Juan Bautista Gellí. es Juan Lorenzo Otavanti, quien eligió La clac cuya versión salió a la luz en Valladolid en 1551, a los dos años de publicarse la obra original 42 Pedro López Enrique de Calatayud había traducido ya en 1534 uno de los poemas del infatigable polígrafo Ludovico Dolce titulándolo El nacimiento y primeras empresas del Conde Orlando  exactamente cincuenta años después salió a la luz el Diálogo de la doctrina delas mujeres que  en cuyo pretónico el traductor Pedro Villalo de Tórtoles, declaró ser autor del original Ludovico Dolce .

       os tratados históricos, filosóficos y moralizadores de los italianos gozaban en España igualmente de ciertos intereses. En el año 1538 ya se imprimió en Valladolid el érudito de la Cruz alias La verdad de la fe de fray Jerónimo Savonarola, obra que fue traducida al castellano por el mismo traductor de La circe de Gelli . Los tratados históricos, como se dice anteriormente, interesaban a parcelas dc moralistas y filósofos españoles. Así por ejemplo Gonzalo Hernández de Oviedo hizo accesible a los lectores españoles un tratado italiano que rotuló Reglas de la vida espiritual y secreta ideología , publicado en 1549. mientras que fray Melchor Cano tradujo una obra a la que puso el título de Tratado de la victoria de sí mismo, de un autor italiano desconocido, libro impreso en Valladolid en 1550 . Otro tratado igualmente italiano y de índole religiosa, cuyo autor tampoco se menciona, es el intitulado Monarquía de Cristo. que salió a la luz en Valladolid en el año 1590, siendo su traductor el carmelita fray Pedro de Padilla ,A Fernán Flores debemos el Regimiento de sanidad de todas las cosas que (Tomen y beuen con muchos consejos de Miguel Savonarola, impreso en ropaje verbal castellano en Sevilla en 1541 .

      Aunque del s. XVI no conocemos más que una traducción de Maquiavelo, la intitulada Los Discursos de Nicola Maquiavelo florentino sobre la primera, décadra de Tito Lirio, de cuya versión es autor Hitan Lorenzo Otavantiu Ottcvante, la cual se imprimió en Medina del Campo en 1555 , se infiere de la portada del libro, que reza «ahora nuevamente traducidos de lengua toscana en lengua castellana», que ha existido una version anterior. De las obras de los historiadores no florentinos de la primera mitad del s. XVI. se tradujo una de Paulo Lovio, tarea que acometió Alonso de Ulloa. quien en la dedicatoria de la edición del año 1561, salida de las prensas de León de Francia.,se expresa en términos halagúeños sobre la lengua italiana «de la cual —dice— por su dulzura y lindeza he sido y soy muy aficionado»

    Establecida la hegemonía española en Italia. es natural y lógico que se mostrara vivo interés por la historia de dicho país. Así vemos que en 1581 salió a la luz la traducción de Antonio Flórez de Benavides de la /oria dita/ja, de Francisco Guicciardini. versión a la cual aquél puso por título ´´La historia del señor Francisco Guichardino, Cauallero Florentino´´. En la cual demás de las cosas que en ella han sucedido, desde el año 1492, hasta nuestros tiempos... 52 Otro resultado del creciente interés por las cosas de Italia y más particularmente por las de Nápoles es la versión española del ‘ompe,tedio de//a Storia del regno di Napoli, de Andolfo Collennuccio, publicado por primera vez en Venecia en 1539. que abarca la época del desarrollo del idioma vulgar hasta los comienzos del reinado de Fernando de Aragón.

    Este libro fue traducido por Juan Vázquez de Mármol bajo el título de His¡‘oria del Rejno de Nápoles; imprimiéndose la versión en Sevilla en 1584 ~. La importancia de las traducciones de tratados de esta clase no se puede comparar remotamente, ni en número ni en calidad, con la de las obrar literarias. Una de las primeras antologías españolas llamada Flores de poetas ilustre~ de Pedro de Espinosa, publicada en Valladolid en 1605. es característica para conocer el vasto influjo italiano en el terreno de las letras, pues contiene imitaciones de Petrarca. Sanazaro. Ariosto, Bernardo y Torcuato Taso, Pánfilo Sasso, Luigi Groto,Girolamo Para Bosco y otros autores. En el laurel de Apolo,Lope de Vega pasa revista a toda una serie de poetas de todas las naciones, pero el número de los italianos es superior con mucho a los demás .

    La influencia italiana en este terreno, no se limita a la madre patria. sino que se extiende hasta el Nuevo Mundo, según se desprende de una epístola sobre el estado de la Ciudad de México, dirigida por Eugenio de Salazar a Hernando de Herrera en la cual dice aquél:

«También Toscana envía tres lindezas de su lenguaje dulce a puesto que en breve estará lleno de proezas».

    ¿Qué importancia hay que conceder al movimiento de las traducciones del italiano al español para medir el interés que existió en España por la lengua de Italia? Menéndez y Pelayo no le atribuye más que un valor relativo, Comentando la afirmación que Cervantes puso en el prólogo de sus Novelas ejemplares donde éste dice: «Yo soy el primero que be novelado en lengua castellana: que las muchas novelas que andan impresas en ella todas son traducidas de lenguas extranjeras». El polígrafo santanderino hace la observación: «Estas lenguas extranjeras se reducen, puede decirse. al italiano». Pero no se crea que todos, ni siquiera la mayor parte de los «novellieri». fuesen traducidos íntegramente o en parte a nuestra lengua. Sólo alcanzaron esta honra Boccaccio. Bandello, Giraldi Cinthio, Straparoía y algún otro de menos cuenta. Por el número de estas versiones, que además fueron poco reimpresas, no puede juzgarse del grado de la influencia italiana.

    Era tan familiar a los españoles, que la mayor parte de los aficionados a la lectura amena gozaban de estos libros en su lengua original desdeñando con razón las traducciones, que solían ser tan incorrectas y adocenadas como las que ahora se hacen de novelas francesas .Con lo que antecede y sin pretender dar un cuadro completo ni mucho menos, se ha bosquejado a grandes rasgos el desarrollo de las traducciones al español en los varios terrenos.

 

El Arcipres de Hita con su libro´´El Buen Amor´´



El facsímil del Libro de buen amor (1974) es una reproducción del manuscrito original de 1389, propiedad de la institución, conocido como códice Gayoso, en recuerdo de su antiguo propietario. El códice llegó a la Academia en 1802 donado por su director, Pedro de Silva y Sarmiento y se conserva actualmente en su biblioteca.
La obra cuenta con las notas autógrafas del padre benedictino Martín Sarmiento (1695-1772), que analiza los aspectos estilísticos y formales del manuscrito, numera las páginas que estaban sin ordenar en el original, precisa que «este códice es copia; y copia de otra copia», y avisa al lector de las nuevas grafías introducidas por él para seguir la lectura.

El Libro de buen amor reúne toda la variedad de temas y de formas métricas de la poesía medieval española.

Escrito en el siglo XIV (1381-1389), en plena Edad Media española, por Juan Ruiz, Arcipreste de Hita (Guadalajara, diócesis de Toledo), nacido en Alcalá de Henares (Madrid). Un arcipreste es un cargo religioso que dirige una zona de una diócesis (a su vez, la diócesis es administrada por un obispo).
 
Mediante continuos recursos irónicos, el autor equilibra la desvergüenza y la delicadeza en un texto tan didáctico como humorístico, tan piadoso como lujurioso. Y tan sencillo en ocasiones y oscuro en otras como corresponde a los escritos de un clérigo de hace setecientos años. En un fragmento (sobre el sacramento de la penitencia), el autor avisa de que:
 
"Escolar soy muy rudo, ni maestro ni doctor,
aprendí y sé poco para ser demostrador;
esto que yo digo entiéndalo usted mejor;
bajo la vuestra enmienda pongo el mi error."
 
El título actual dado a toda la obra (Libro de buen amor) se infiere de los propios comentarios que contiene, puesto que ha llegado hasta nosotros sin una denominación genérica clara. Lo propuso el filólogo Ramón Menéndez Pidal en 1898. Nótese que se le denomina "de" buen amor, y no "del" buen amor.
El Libro se enmarca en la ideología religiosa castellana de la época, algo más cercana en lo erótico al texto hebreo original de la Biblia y sus interpretaciones (donde el sexo no se considera malo) que a la versión oficial del tema que se pretende imponer desde Roma, en la que el placer sexual no es admitido como algo positivo. El Arcipreste (sacerdote de cierta categoría) habla con naturalidad en su obra de la extendida barraganía de los clérigos (tener una mujer como pareja civil, sin casarse por la Iglesia), e incluso de sus amores con una monja.
 

Intención del Libro

 
El Libro es fundamentalmente un catálogo de artes amorosas, con la supuesta intención de evitar el "loco amor" (el que se fundamenta en las pasiones) y promover el "buen amor" (el que respeta las convenciones morales). Pero se trasluciría una intención de "obra abierta" en la que la interpretación del texto la da el tipo de lector.